2001: El viaje a Escocia.
Todo el verano del 2001 estuvimos pensando en ese viaje. Bueno, rectifico, Aitziber pensaba en ese viaje como las personas normales, y yo como los obsesivos compulsivos. Cuando se me mete una cosa en la cabeza, la tengo dando vueltas y vueltas las 24 horas, hasta que se materializa.
En fin. Durante ese verano fuimos pensando itinerario, cosas a llevar, ropa, nos documentamos sobre el tiempo que haría, etc. Esto del tiempo en Escocia es curioso. Leí algo sobre eso que al final fue la realidad: en Escocia todos los días hace de todo. Amanece soleado, se nuble, cae una tormenta, luego un poco sirimiri tontorrón, vuelve el sol, y disfrutas de un atardecer de esos con nubes y sol que parece que van a romper el cielo. La característica común es que siempre, siempre, hace viento. Más fuerte o más suave, pero siempre hay una brisilla del norte que te recuerda dónde estás.
Uno de los primeros debates que nos surgió fue cómo íbamos. Yo ya había estado en las islas Británicas, y había ido en avión, en barco desde Bilbao, en ferry por Calais con caravana, … y me apetecía probar el túnel. Así que fuimos en coche desde Bilbao para pasar por el eurotúnel. Fuimos de tirón desde Bilbao hasta Boulogne, cerca de Calais, e hicimos noche en un hotelito. No teníamos ganas de montar tienda y había que descansar bien, después de un largo día de conducción, y en víspera de otro. El maletero iba hasta arriba. Aparte de lo habitual para el camping (tienda, mesita, un par de sillitas, sacos, etc. ) metimos toda la comida que pudimos llevar. Cogimos hasta la leche para el desayuno, y como no teníamos nevera, compramos bricks de ½ litro de leche infantil, que nos resultaron muy cómodos.
Ahora llega la fase en la que, como en algunos impresionantes relatos de viajes que he leído en la red, debería daros detalles acerca de costes de autopista, túnel, combustible y demás, pero la verdad es que este relato va a transcurrir por los dictados de mi memoria. Es decir, prácticamente no me acuerdo de nada de eso. Por tanto, voy a centrarme en las sensaciones y en los recuerdos que me han quedado, que son muchos.
Vuelvo para atrás. El viaje hasta Boulogne fue un palizón, unos 1200 kms que nos dejaron la espalda molida, pero que fue necesario para aprovechar un poco los días que teníamos de vacaciones. Conducimos los dos, así que cada 2:30 horas parábamos un ratito, 20 o 25 minutos, y nos turnábamos al volante.
El segundo día, sobre las 8:30 de la mañana, cruzamos por el túnel. Si no lo conocéis, simplemente te metes con tu coche en un tren, y en 25 minutos estás en Inglaterra. Durante el viaje, puedes salir del coche, y estás dentro del vagón, que viene a ser como estar en un garaje alargado. Nos salió algo caro, por que pagaba el coche, independientemente de que fuéramos 1, 2 o 5 pasajeros, pero mereció la pena por la experiencia y la rapidez. Bueno, dejo para otro ratito el siguiente capítulo: Desde Folkestone a Edimburgo.
Un saludo.

Castillo de Eileann Donnan, al noroeste de Escocia, en plenas Highlands.
1 comentarios:
Me gusta la idea del diario de una viaje. A mi me da pereza pero está bien leer lo que han hecho otros...jeje
Oli
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